“Un viajero se aproximaba a una gran ciudad y preguntó a una mujer que se encontraba a un lado del camino: “¿Cómo es la gente de esta ciudad?”. “¿Cómo era la gente del lugar de donde vienes?”, le preguntó ella a su vez. “Terrible, mezquina, no se puede confiar en ella… detestable en todos los sentidos”, respondió el viajero. “¡Ah! –exclamó la mujer-, encontrarás lo mismo en la ciudad a donde te diriges.”
Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad de donde provenía. “Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir.” declaró el segundo viajero. La sabia mujer le respondió: “lo mismo hallarás en la ciudad a donde te diriges.”
Es esta la misma historia de Jesús: no les era posible creer en él, porque era como los demás, era como ellos... Eran buscadores de lo extraordinario y por eso fueron incapaces de descubrir a Cristo que pasaba por sus vidas.
Pero no nos confundamos: es también la historia de nuestra propia vida, las dos caras de una misma moneda. Es bien sencillo:
Apenas había partido el primer viajero cuando otro se detuvo y también preguntó acerca de la gente que habitaba en la ciudad de donde provenía. “Era gente maravillosa; honesta, trabajadora y extremadamente generosa. Lamento haber tenido que partir.” declaró el segundo viajero. La sabia mujer le respondió: “lo mismo hallarás en la ciudad a donde te diriges.”
Es esta la misma historia de Jesús: no les era posible creer en él, porque era como los demás, era como ellos... Eran buscadores de lo extraordinario y por eso fueron incapaces de descubrir a Cristo que pasaba por sus vidas.
Pero no nos confundamos: es también la historia de nuestra propia vida, las dos caras de una misma moneda. Es bien sencillo:
¿No os ha pasado que lo más fácil es echarle la culpa a los demás? Yo siempre –como los niños pequeños- tengo que salir ganando. ¡Qué fácil es justificarse en la vida diciendo a mi nadie me entiende, nadie me comprende, es que no sabes lo que quiero… Es edificar en la arena de mis caprichos; de mi egoísmo, aquí estoy yo y soy así, el que quiera que venga y el que no que se quede en casa. Es construir sobre falso porque así no hay quien esté a gusto ni consigo mismo: por eso no descubres al verdadero Dios en tu vida, porque te parece imposible, porque te suena a extraño. Sólo conoces una imagen que te has construido, pero que no tiene nada que ver con la realidad.
¿No somos a veces como el primer viajero? Los cristianos somos los únicos que hacemos examen de conciencia: debemos revisar la maquinaria... Ojo cuando lo fácil es ver el mal en los demás, sus defectos, cuando estamos a la expectativa de cuando meten la pata, de cuando se equivocan. Somos tan cínicos que no nos importa sonreír o dar la paz al que antes hemos puesto a solfa... Y con eso hacemos de Dios un mentiroso: no cumplimos su mandato del amor, pero no nos importa comulgar su cuerpo, expresión máxima del amor entregado.
Por eso os invitamos en esta semana, este domingo, a que revisemos nuestra vida con un criterio del Evangelio:
No caer en el error de los antiguos: ¿Por qué mucha gente no quiere saber nada de Dios? No nos engañemos: porque quieren vivir según les plazca, según les apetezca. Como Dios nos pide lucha, sacrificio, entrega, disponibilidad: “¡Ahí te quedas!” Sólo creerían en un Dios espectáculo: milagritos, cosas extraordinarias... y ese camino no es el de Dios.
Construir la vida de cada día en la verdad, para no dejar a Dios tirado como un cacharro inútil en nuestro camino:
1. Vivir con ilusión: es verdad que todos tenemos problemas, dificultades ¿pero van a vencernos? ¿No tenemos muchos más motivos para seguir luchando en esta vida? ¡Duc in altum: mar adentro!
2. Experimentar la riqueza de la fe: creer que Dios me quiere tal como soy; que me perdona incondicionalmente si le confieso mis pecados; es creer, también, en el otro como en un hermano, no como un rival; ofrecerle mi mano, mi ayuda, mi disponibilidad: No es edificar en roca para hacer un castillo y refugiarme en mi vida en mis cosas; es edificar puentes para que todos podamos pasar por ellos. Es destruir barreras con el lenguaje de Dios: el amor.
3. Apostar por la Verdad: ¡¿eres cristiano?! Pues que se note. Con tu forma de ser, de actuar, de apostar por la vida, de apoyar a la Iglesia, de prestar tu ayuda incondicional a los demás.
Sencillo, pero difícil. Por eso miramos a María, Estrella de los Mares, que ella sea luz que nos ilumine en este camino.
¿No somos a veces como el primer viajero? Los cristianos somos los únicos que hacemos examen de conciencia: debemos revisar la maquinaria... Ojo cuando lo fácil es ver el mal en los demás, sus defectos, cuando estamos a la expectativa de cuando meten la pata, de cuando se equivocan. Somos tan cínicos que no nos importa sonreír o dar la paz al que antes hemos puesto a solfa... Y con eso hacemos de Dios un mentiroso: no cumplimos su mandato del amor, pero no nos importa comulgar su cuerpo, expresión máxima del amor entregado.
Por eso os invitamos en esta semana, este domingo, a que revisemos nuestra vida con un criterio del Evangelio:
No caer en el error de los antiguos: ¿Por qué mucha gente no quiere saber nada de Dios? No nos engañemos: porque quieren vivir según les plazca, según les apetezca. Como Dios nos pide lucha, sacrificio, entrega, disponibilidad: “¡Ahí te quedas!” Sólo creerían en un Dios espectáculo: milagritos, cosas extraordinarias... y ese camino no es el de Dios.
Construir la vida de cada día en la verdad, para no dejar a Dios tirado como un cacharro inútil en nuestro camino:
1. Vivir con ilusión: es verdad que todos tenemos problemas, dificultades ¿pero van a vencernos? ¿No tenemos muchos más motivos para seguir luchando en esta vida? ¡Duc in altum: mar adentro!
2. Experimentar la riqueza de la fe: creer que Dios me quiere tal como soy; que me perdona incondicionalmente si le confieso mis pecados; es creer, también, en el otro como en un hermano, no como un rival; ofrecerle mi mano, mi ayuda, mi disponibilidad: No es edificar en roca para hacer un castillo y refugiarme en mi vida en mis cosas; es edificar puentes para que todos podamos pasar por ellos. Es destruir barreras con el lenguaje de Dios: el amor.
3. Apostar por la Verdad: ¡¿eres cristiano?! Pues que se note. Con tu forma de ser, de actuar, de apostar por la vida, de apoyar a la Iglesia, de prestar tu ayuda incondicional a los demás.
Sencillo, pero difícil. Por eso miramos a María, Estrella de los Mares, que ella sea luz que nos ilumine en este camino.
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